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Cómo gastar menos en gasolina: litros a los cien y poco más
El gasto en carburante es el producto de tres números: los kilómetros que haces, los litros que consumes cada cien kilómetros y el precio del litro. Solo puedes actuar sobre los tres por separado, y el primero es casi siempre el que más margen tiene. Mide tu consumo real llenando el depósito y anotando kilómetros, en lugar de fiarte del ordenador de a bordo. Después reduce kilómetros agrupando trayectos, baja el consumo con velocidad y presión de neumáticos, y compara precios por litro sin dar vueltas para ahorrar céntimos.
Tres números y ninguna magia
Todo el gasto en carburante sale de multiplicar kilómetros por litros a los cien y por el precio del litro, dividido entre cien. No hay más variables. Eso es útil porque cada una se ataca de una manera distinta y con un margen distinto. Los kilómetros son casi siempre donde hay más recorrido, porque un trayecto que no se hace consume cero. Los litros a los cien dependen del coche y de cómo se conduce, y se mueven bastante menos de lo que prometen los consejos habituales. El precio por litro es el que más atención recibe y el que menos puedes cambiar, más allá de elegir dónde repostar. Antes de intentar nada, calcula tu cifra actual: es lo que te dirá dónde merece la pena esforzarse.
Mide tu consumo de verdad
El ordenador de a bordo da una estimación que suele quedarse por debajo del consumo real. La medición honesta es de toda la vida: llena el depósito hasta que salte el surtidor, pon el cuentakilómetros parcial a cero, conduce normal hasta el siguiente repostaje y vuelve a llenar hasta que salte. Litros repostados por cien, dividido entre los kilómetros recorridos, son tus litros a los cien reales. Repite en dos o tres depósitos para tener una media que no dependa de un viaje raro. Con ese número puedes hacer cosas útiles: calcular lo que cuesta un trayecto concreto antes de decidir si vas en coche o en transporte público, y comprobar si un cambio de hábito ha servido de algo en lugar de suponerlo.
Los hábitos que sí bajan el consumo
Tres cosas mueven la cifra de verdad. La primera es la velocidad en carretera: el consumo crece de forma acelerada con la velocidad, así que bajar un poco en autovía tiene un efecto claro en un viaje largo, mucho mayor que cualquier truco urbano. La segunda es la presión de los neumáticos, que casi nadie revisa: unos neumáticos por debajo de presión aumentan el consumo y además se desgastan antes, así que se paga dos veces. Revísala cada pocas semanas con el coche frío. La tercera es conducir de forma anticipada: acelerones y frenazos son consumo puro, y en ciudad esa diferencia se nota. Quitar peso muerto del maletero y la baca ayuda algo; la baca puesta todo el año, bastante más de lo que parece.
Precio por litro: compara, pero sin dar vueltas
Hay diferencias reales de precio entre estaciones, y en el mismo trayecto puede haber varias. Merece la pena saber cuáles son las más baratas de tu ruta habitual y repostar ahí por defecto. Lo que no compensa casi nunca es desviarse varios kilómetros para ahorrar unos céntimos por litro: haz la cuenta con tu propio consumo y verás que el desvío se come el ahorro. Las tarjetas de descuento y los programas de fidelización de supermercados y estaciones pueden aportar algo si repostas siempre en la misma red, pero conviene mirar la condición de gasto mínimo antes de darles importancia. Y una obviedad que se olvida: llenar el depósito en lugar de echar poco cada vez ahorra desplazamientos, que también consumen.
El sobre: Transporte, calculado con tus kilómetros
La gasolina vive en el sobre de Transporte, y a diferencia de una factura, aquí puedes calcular el importe en lugar de estimarlo. Coge tus kilómetros al mes, multiplícalos por tus litros a los cien, divide entre cien y multiplica por el precio del litro que sueles pagar. Ese es tu importe de partida. Como el precio del carburante se mueve, revísalo cada pocos meses en lugar de una vez al año. Anota cada repostaje en el momento, que además te da los datos para recalcular tu consumo sin esfuerzo. Y mantén el mantenimiento y los gastos anuales del coche en otro sobre distinto, porque mezclarlos hace imposible saber cuánto te cuesta de verdad moverte.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto gasto en gasolina al mes?
Se calcula, no se estima. Kilómetros al mes por tus litros a los cien, dividido entre cien y multiplicado por el precio del litro que pagas habitualmente. Los kilómetros los tienes en el cuentakilómetros y el consumo lo mides llenando el depósito dos veces y anotando. Con esos tres números tienes una cifra propia que además sirve para decidir trayectos concretos, que es donde de verdad se ahorra.
¿Merece la pena desviarse a una gasolinera más barata?
Casi nunca, y se comprueba en treinta segundos con tus propios números: calcula el ahorro total del repostaje completo por la diferencia de precio por litro y compáralo con lo que te cuesta el desvío en carburante y en tiempo. Lo que sí merece la pena es identificar la estación más barata de tu recorrido habitual y repostar siempre ahí, porque eso no añade ni un kilómetro.
¿Es cierto que conducir más despacio ahorra tanto?
En autovía sí, y es de los pocos consejos de conducción con un efecto grande y medible, porque la resistencia aerodinámica crece deprisa con la velocidad. En ciudad el efecto de la velocidad es mucho menor y lo que importa es la anticipación: menos acelerones y menos frenazos. La forma de comprobarlo en tu caso es medir el consumo en dos viajes largos parecidos conduciendo distinto, en lugar de fiarte de la media del ordenador de a bordo.
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