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Cómo bajar la factura de la luz

La factura de la luz la mueven los aparatos que fabrican o mueven calor: calefacción y aire acondicionado, termo eléctrico, vitrocerámica, horno, secadora si la tienes. Todo lo que cabe en una mano no la mueve. Antes de tocar nada, mira tu propia factura: el término fijo por la potencia contratada, el consumo en kilovatios hora y, si tu tarifa tiene tramos horarios, cuánto consumes en cada uno. Y dimensiona el sobre por tu mes más caro del año, nunca por la media, porque la media garantiza que el sobre se quede vacío justo en enero.

Primero mira tu factura, no un consejo general

Casi toda la información útil está en tu propia factura y casi nadie la lee. Busca tres cosas. Una, el término de potencia: lo pagas todos los meses aunque no enciendas nada, y depende de los kilovatios que tengas contratados, no de lo que consumas. Dos, el término de energía: los kilovatios hora consumidos multiplicados por su precio, que puede venir partido en varias líneas y en varios tramos horarios según el tipo de contrato que tengas. Tres, el periodo facturado, porque un ciclo de treinta y cinco días parece peor que uno de veintiocho con exactamente el mismo consumo diario. Compara tus facturas por consumo diario y no por importe total. Si el consumo diario está plano y el importe ha subido, lo que ha cambiado es el precio o el ciclo, no tu comportamiento.

Los aparatos que de verdad mueven la cifra

Coste eléctrico es potencia multiplicada por horas, y por eso los sospechosos son siempre los mismos: la climatización, el agua caliente si es termo eléctrico, la vitrocerámica y el horno, la secadora y algún frigorífico viejo de segunda residencia que lleva encendido años. Todos comparten dos características: consumen mucho mientras funcionan y funcionan durante horas. Frente a eso, cargar el móvil o cambiar la última bombilla de un trastero es ruido estadístico. Hay una comprobación que puedes hacer con tus propias facturas: coge un mes suave, de abril o de octubre, y réstalo del mes más caro del invierno o del verano. Esa diferencia es lo que te cuesta climatizar tu casa, medido en tu casa y no en una media nacional. Ese hueco es el único sitio donde hay dinero de verdad.

Potencia y tramos: dos palancas distintas

La potencia contratada y el consumo son dos cosas separadas y se atacan por separado. La potencia es una cuota fija: si en años nunca te ha saltado el interruptor general, es una conversación que merece la pena tener con tu comercializadora, y si te salta al encender dos cosas a la vez, no la toques. El consumo es lo que gastas, y si tu contrato distribuye el precio por tramos horarios, lo que cambia el importe es mover lavadora, lavavajillas y secadora a las horas más baratas de tu tarifa. Ojo con la confusión habitual: los tramos no reducen lo que gastas, cambian lo que cuesta cada hora. Solo ganas si de verdad puedes desplazar el uso. Mira en tu factura qué tramos tienes y a qué horas empiezan, porque no son iguales en todos los contratos.

Lo que se recomienda mucho y apenas mueve nada

Desenchufar cargadores, perseguir el consumo en espera de aparatos que casi no usas o poner enchufes inteligentes a las lámparas son efectos reales y demasiado pequeños para verse entre la variación normal del clima. Cerrar las rejillas de habitaciones que no usas en una instalación con conductos puede subir la presión y empeorarlo. Un medidor de consumo mide el problema, no lo resuelve. Cada vez que te propongan un truco, hazle dos preguntas: cuántas horas al mes funciona ese aparato y cuánta potencia consume mientras funciona. Si las dos respuestas son pequeñas, el ahorro es pequeño, por muy satisfactorio que resulte el gesto. El tiempo que ahorras en esos trucos se rentabiliza mucho más revisando la potencia una vez y desplazando la lavadora todas las semanas.

El sobre: llénalo por tu mes peor, no por la media

Llama al sobre Luz, dentro de Suministros. Abre las facturas de los últimos doce meses y coge el importe más alto, no el promedio. Ese es el importe con el que llenas el sobre todos los meses. En los meses suaves acumulará saldo, y ese saldo es exactamente lo que paga la factura de enero o de agosto sin tocar ningún otro sobre. Si tu contrato es bimestral, divide entre dos y llena cada mes. Revisa el objetivo una vez al año, en el mes siguiente a tu factura más cara, y súbelo si los precios se han movido. Con entrada manual anotas cada factura al pagarla, así que el histórico se construye solo y el año que viene ya no tendrás que buscar nada.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto debería meter en el sobre de la luz?

El importe de tu factura más alta de los últimos doce meses. Usar la media garantiza que el sobre se quede vacío justamente en los dos o tres meses que duelen, y en esos meses el dinero acaba saliendo del supermercado o de una tarjeta. Llenando por el máximo, los meses suaves construyen el colchón que gasta el mes malo. Si no tienes histórico todavía, empieza por la más alta de tus tres últimas facturas y corrige según acumules datos.

¿Por qué me sube la factura si consumo lo mismo?

Comprueba tres cosas en la propia factura antes de buscar culpables en casa. El término de potencia se paga igual consumas o no. La duración del periodo facturado cambia entre facturas, así que compara consumo por día y no importe total. Y el precio de la energía puede haber cambiado entre un ciclo y otro. Si tu consumo diario está estable y el importe ha subido, el cambio es de precio o de ciclo, y ahorrar en casa no lo va a arreglar.

¿Me conviene cambiar de tarifa o de comercializadora?

Depende de cómo consumas tú, así que la respuesta no puede venir de una página. Lo que sí puedes hacer antes de decidir es descargar tu consumo por horas si tu distribuidora lo ofrece y mirar en qué franjas gasta de verdad tu casa. Si tu consumo se concentra en las horas caras y no lo puedes mover, una tarifa con tramos marcados te sale peor. Compara siempre con tu consumo real de doce meses, nunca con el perfil de ejemplo del comparador.

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