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Videojuegos: la lista de pendientes es tu mejor descuento
El gasto en videojuegos casi nunca es un juego caro: son varios juegos comprados en rebajas que nunca se abren, más suscripciones acumuladas, más micropagos que no se perciben como compras. Empieza contando lo que ya tienes sin jugar, que suele bastar para varios meses. Después, esperar es el mayor descuento que existe en esta categoría, porque los precios bajan de forma bastante previsible. Y los micropagos necesitan un tope escrito y la tarjeta fuera de la consola, porque están diseñados para no sentirse como gasto.
Cuenta tu biblioteca sin jugar
Antes de comprar nada, mira cuántos juegos tienes comprados y sin terminar, o directamente sin empezar. En la mayoría de los casos hay contenido para meses, comprado precisamente en rebajas anteriores con el mismo razonamiento con el que estás a punto de comprar ahora. Haz una lista con lo que de verdad querrías jugar de lo que ya tienes y ponla donde la veas. Esa lista es el argumento más eficaz contra la siguiente oferta, mucho más que cualquier propósito de gastar menos. Y aclara algo importante: el problema de esta categoría no es el precio de los juegos, es el ritmo de compra comparado con el ritmo real al que se juega.
Esperar es el descuento grande
Los precios de los videojuegos bajan de forma bastante predecible con el tiempo, y las rebajas periódicas de las tiendas digitales son frecuentes. Eso convierte la paciencia en la palanca principal: un juego que quieres comprar hoy costará bastante menos dentro de unos meses, y además llegará con los problemas técnicos del lanzamiento ya corregidos. La versión práctica de esto es una lista de deseados y una regla: no comprar nada el día del lanzamiento salvo que sea un caso muy concreto que tú decidas. Con la lista puesta y las alertas de precio activadas, el ahorro anual es considerable sin renunciar a ningún juego, solo a jugarlo el primer día.
Suscripciones: cuenta cuántas tienes
Las suscripciones de videojuegos y de servicios en línea se acumulan igual que las de vídeo: se contratan una vez, se renuevan solas y nadie las revisa. Haz la lista de todas las que pagas, incluidas las que se cobran a través de la tienda de la consola, y compáralas con las que has usado el último mes. Para las que sí usas, la pregunta útil es si el catálogo te está sustituyendo compras: si juegas cuatro juegos al año de una suscripción, probablemente compense; si la tienes por si acaso, no. Y comprueba la periodicidad, porque las anuales son las que peor se recuerdan y las que más caras salen cuando se renuevan sin querer.
Micropagos: el gasto que no se siente
Las compras dentro del juego están diseñadas para no percibirse como gasto: importes pequeños, moneda virtual que rompe la relación con el dinero real y una fricción prácticamente nula. Por eso necesitan tratamiento aparte. Tres medidas que funcionan: quitar la tarjeta guardada de la consola o de la cuenta y usar tarjetas de saldo prepago, poner un tope mensual escrito para esta línea, y revisar el historial de compras de la tienda una vez al mes. Si hay menores usando la cuenta, activar los controles de compra y el requisito de contraseña no es una medida de desconfianza, es evitar la sorpresa más común de toda esta categoría.
El sobre: un tope mensual dentro de ocio
Los videojuegos van en el sobre de Ocio, con una cantidad mensual decidida por ti que incluya juegos, suscripciones y micropagos. Tener las tres cosas juntas es lo que hace visible el total, porque por separado ninguna parece grande. Cuando el sobre se acaba, se acabó el mes, y la lista de pendientes cubre perfectamente la espera. Anota cada compra en el momento y revisa las suscripciones cada tres meses. Es una categoría en la que la entrada manual funciona especialmente bien, porque una parte del gasto llega en importes pequeños y frecuentes que ningún resumen mensual del banco deja ver con claridad.
Preguntas frecuentes
¿Merece la pena una suscripción de juegos?
Depende de cuántos juegos de su catálogo juegues de verdad al año. Si con la suscripción dejas de comprar varios títulos, compensa con claridad; si la mantienes por si acaso y juegas siempre a lo mismo, no. Haz la comparación una vez al año con datos reales: qué has jugado del catálogo y qué habrías comprado sin la suscripción. Y revisa las renovaciones anuales, que son las que más se olvidan.
¿Cuánto conviene esperar para comprar un juego?
No damos plazos concretos porque dependen del título y de la tienda, pero el patrón general es claro: los precios bajan con el tiempo y las rebajas son frecuentes. La estrategia práctica es una lista de deseados con alertas de precio y la regla de no comprar en el lanzamiento salvo excepciones que decidas tú. Como efecto secundario, además juegas versiones más corregidas que las del primer día.
¿Cómo controlo los micropagos?
Quitando la tarjeta guardada de la cuenta o de la consola y usando saldo prepago, que convierte un gasto invisible en uno con límite físico. Añade un tope mensual escrito para esa línea dentro del sobre de ocio y revisa el historial de compras de la tienda una vez al mes. Si hay menores usando la cuenta, activa los controles de compra y el requisito de contraseña, que evita la sorpresa más frecuente de esta categoría.
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