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Un reto de ahorro en pareja que sobrevive a dos sueldos distintos

Elegid una meta y una fecha, y después la estructura. Proporcional: cada uno aporta el mismo porcentaje de su neto, así que con 1.500 y 2.500 euros netos al mes, una meta de 400 al mes es el 10 por ciento para cada uno, o sea 150 y 250. A partes iguales: 200 cada uno, que es el 13,3 por ciento del sueldo menor y el 8 por ciento del mayor. Doce meses de 400 llegan a 4.800. Se lleva con un sobre de meta compartido, dos aportes etiquetados y un sobre personal sin explicaciones para cada uno.

Primero la meta y la fecha, después la estructura

Empezad por un número y un plazo, dichos en voz alta: 4.800 euros de aquí a un año, o 3.000 para junio. Después dividid. 4.800 en doce meses son 400 euros al mes, que es la cifra sobre la que se construye todo lo demás, y conviene decirla en meses porque esa es la unidad en la que vais a actuar de verdad si cobráis una vez al mes. Ponedle nombre a la meta, decid en una frase por qué le importa a cada uno, y escribid el número mensual donde lo veáis los dos. Si alguno cobra catorce pagas, decidid ahora si las extras entran en la meta o no, porque una extra sin destino se gasta sola.

El reparto proporcional, con números

Cada uno aporta el mismo porcentaje de su líquido a percibir. Supongamos que uno cobra 1.500 euros netos al mes y el otro 2.500, o sea 4.000 entre los dos, y que la meta pide 400 al mes. 400 entre 4.000 es el 10 por ciento. El 10 por ciento de 1.500 son 150; el 10 por ciento de 2.500 son 250; juntos, 400. Cada persona renuncia a la misma parte de lo que tiene, que es la definición de esfuerzo equivalente cuando los sueldos son distintos, y a los dos les queda la misma proporción de su sueldo para todo lo demás. Es la estructura por defecto cuando los ingresos son claramente desiguales, y la cuenta es lo bastante simple como para rehacerla en un minuto cuando alguno cambie.

El reparto a partes iguales, y cuándo es injusto

Cada uno aporta la misma cantidad: 200 y 200 para una meta de 400 al mes. Es más simple, parece obviamente equitativo y es más fácil de seguir. Pero haced los porcentajes antes de comprometeros. 200 sobre 1.500 son alrededor del 13,3 por ciento del neto de esa persona, mientras que 200 sobre 2.500 son el 8, así que quien menos cobra está entregando bastante más de su capacidad. Eso está bien si los dos miráis esos números y os parece bien. Se vuelve corrosivo si solo uno de los dos hace la división alguna vez. Las partes iguales le encajan a las parejas con sueldos parecidos o con una preferencia deliberada por la simetría; a todos los demás, el proporcional.

La revisión semanal de quince minutos

La misma hora cada semana, quince minutos, tres preguntas, y se acaba. Qué ha metido cada uno esta semana. Qué viene en las próximas dos semanas que cueste dinero. Hay algo del plan que no está funcionando. Tres preguntas es un límite a propósito, porque una conversación de dinero sin guion se expande hacia todo lo que cualquiera de los dos lleve guardado, y después ninguno quiere tener la siguiente. Que sea corta, que esté agendada y que termine a su hora aunque quede cosas por decir, porque el objetivo es que ocurra cuarenta veces y no que sea excelente dos.

Decidid por adelantado qué pasa si alguien falla un mes

Alguien va a fallar una aportación, y el resultado depende por completo de si la regla existía antes de que pasara. Las reglas acordadas antes se discuten como política; las inventadas después se discuten como carácter, que es una conversación mucho peor con alguien con quien vives. Así que escribidla ahora. Elegid una: la cantidad no aportada se arrastra al mes siguiente, o la fecha de la meta se mueve en vez de doblar la aportación, o cada uno tiene un número declarado de saltos al año sin dar explicaciones. Cualquiera vale. Lo que no vale es dejarlo sin definir, porque la versión improvisada suele llegar como un comentario sobre la otra persona en lugar de sobre el plan.

El montaje de sobres

Un sobre de meta compartido, y cada aportación apuntada como su propio aporte con una etiqueta que diga de quién viene, para que las dos se vean por separado y nadie tenga que fiarse del total. Esto importa especialmente si tenéis cuenta conjunta, que es lo habitual aquí, porque una cuenta común enseña el saldo pero esconde quién ha puesto qué. Y después el cambio que evita la mayor parte de la fricción: un sobre personal sin explicaciones para cada uno, financiado todos los meses, que se gasta en lo que a esa persona le dé la gana sin deberle cuentas a nadie. Ponedlos iguales incluso con estructura proporcional, porque este sobre va de autonomía y no de reparto. Casi todo el conflicto recurrente de dinero en pareja no es por la cifra grande, es por sentirse auditado en las pequeñas.

Preguntas frecuentes

¿Repartimos a partes iguales o según el sueldo?

Según el sueldo si los netos son claramente distintos. El mismo porcentaje del líquido significa que los dos renuncian a la misma parte de su capacidad, lo que deja a cada uno con un margen comparable después. Las cantidades iguales son más simples y funcionan bien cuando los sueldos se parecen, pero con 1.500 y 2.500 netos, 200 euros por cabeza son alrededor del 13,3 por ciento para uno y el 8 para el otro. Ninguna respuesta es automáticamente la correcta; lo que importa es que los dos hayáis hecho la división y hayáis aceptado el resultado en vez de dejarlo por defecto.

¿Y si uno falla siempre su aportación?

Separad dos posibilidades antes de hablarlo, porque piden respuestas opuestas. O la cantidad es inasumible, y entonces el plan está mal y se arregla con una cifra mensual menor o una fecha más lejana, o el dinero se está yendo a otro sitio, y entonces es una conversación de prioridades. Mirad el registro de los sobres en vez de tirar de memoria, que mantiene la conversación en los hechos. Aplicad la regla que acordasteis por adelantado, y si el mismo desfase se repite tres meses, renegociad el número en lugar de repetir la conversación.

¿Hace falta cuenta conjunta para hacer esto?

No, y aquí la pregunta suele ir al revés, porque muchas parejas ya tienen cuenta conjunta. Lo que el reto necesita es una meta compartida y un registro visible de quién ha aportado qué, y eso es justo lo que una cuenta conjunta no da: enseña un saldo común y borra la autoría. Con cuentas separadas, cada uno transfiere su parte y la apunta como aporte etiquetado. Con cuenta conjunta, apuntad igualmente los dos aportes por separado dentro del sobre de meta. Juntar o separar cuentas es una decisión mucho mayor y se toma por sus propios motivos, no como efecto secundario de un reto.

¿De cuánto debe ser el sobre personal sin explicaciones?

De lo que podáis financiar los dos todos los meses sin apretar, igual para cada uno y lo bastante pequeño como para no competir con la meta compartida. El tamaño importa mucho menos que su existencia. El objetivo es que ninguno tenga que justificar un café, un juego o un regalo a un amigo, porque la irritación recurrente en las finanzas de la mayoría de las parejas es que te pregunten por las compras pequeñas y no el desacuerdo sobre las grandes. Si vais justos, una cantidad pequeña e igual sigue haciendo el trabajo que una cantidad cero no hace.

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