Cómo ahorrar para una comunión
Una comunión es el caso de manual para un sobre de gastos previstos: fecha conocida con casi un año de antelación y varias líneas grandes que se pagan seguidas. Presupuesta la tuya por líneas con presupuestos propios (celebración, traje o vestido, reportaje, recordatorios) y divide entre los meses que faltan. Y presupuesta aparte la otra mitad del problema, que es lo que das cuando el invitado eres tú: en mayo pueden caer varias seguidas.
Por qué esta meta es fácil si se empieza a tiempo
Casi todas las metas de ahorro tienen algo incierto: el importe, la fecha o las dos cosas. Una comunión no. La fecha se conoce con muchos meses de antelación y las líneas de gasto son pocas y cotizables. Eso convierte una cantidad que en un solo mes sería un problema serio en una aportación mensual perfectamente asumible. La única condición es empezar cuando se sabe la fecha y no en marzo. Si vas a hacer las cuentas en la primavera del mismo año, la misma cantidad hay que juntarla en dos o tres meses, y ahí es donde aparecen la tarjeta y los pagos aplazados.
Monta el presupuesto por líneas, con tus propios precios
Escribe las líneas y pide precio para cada una en tu zona, porque varían enormemente según dónde vivas y qué tipo de celebración quieras. La celebración, que se calcula por número de invitados y es con diferencia la línea que más manda. La ropa, entre traje o vestido y complementos. El reportaje de fotos si lo vais a hacer. Los recordatorios y detalles para los invitados. El regalo de la familia al niño o niña. Y una línea de imprevistos. Suma tus cifras: la lista es tuya y las cantidades también, porque cualquier media publicada estaría inventada para tu caso.
La cuenta, mes a mes
Divide el total entre los meses que falten hasta mayo. Si el total son 2.400 € y empiezas en junio del año anterior, son once meses, unos 218 € al mes. Si empiezas en enero, son cuatro meses y 600 € al mes, casi el triple, con el mismo gasto final. Esa comparación es todo el argumento de esta página. Y si cobras en catorce pagas, mira si tu extra de junio o la de diciembre cae dentro del plazo: destinar una parte a esta línea puede cubrir buena parte del total sin tocar los meses normales.
La otra mitad: cuando el invitado eres tú
En una misma primavera pueden caer varias comuniones de sobrinos, ahijados e hijos de amigos, cada una con su regalo y a veces con ropa y desplazamiento. Es un gasto real que nadie presupuesta porque llega en cantidades pequeñas y seguidas, que es exactamente el perfil de gasto que se escapa. Decide en enero una cantidad total para la temporada y un tope por invitación, y mételo en el mismo sobre de gastos previstos. Tener el tope decidido en frío, meses antes, es mucho más fácil que decidirlo la semana anterior con la invitación en la mano y la comparación social encima.
Qué hace que se dispare
El número de invitados, que multiplica la línea grande y que crece sola si no se cierra pronto una lista. Las líneas que se añaden una a una sin revisar el total, cada una pequeña y razonable por separado. Y la comparación con lo que hicieron otros, que es lo que convierte un presupuesto decidido en frío en otro decidido en caliente. La defensa es tener el total escrito desde el principio y anotar cada cambio con su fecha, para que al llegar a mayo sepas exactamente cuándo y por qué el número dejó de ser el que era.
El montaje de sobres
Un sobre de gastos previstos llamado Comunión con el objetivo total y la fecha, cargado el día siguiente a la nómina desde el mes en que se conoce el día. Dentro del plan, dos bloques: la celebración propia y la temporada como invitados, para que no se mezclen. Anota cada pago según ocurre, incluidos los adelantos a proveedores, y así el saldo del sobre siempre te dice lo que queda por pagar. Y cuando termine mayo, no cierres el sobre del todo si sabes que el año que viene hay otra: renombrarlo y seguir aportando es la versión sin esfuerzo de esta misma meta.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta una comunión?
Depende tanto de la zona, del tipo de celebración y del número de invitados que cualquier cifra media sería engañosa, así que no te vamos a dar una. Lo que sí funciona es montar tu propio presupuesto por líneas y pedir precio en tu zona para las dos grandes, la celebración y la ropa, que son las que deciden el total. Con esos dos presupuestos en la mano tendrás en diez minutos una cifra que es la tuya, y esa es la única que sirve para dividir entre los meses que faltan.
¿Cuánto hay que dar de regalo cuando te invitan?
No hay una cantidad correcta y desde luego no te la vamos a inventar. Lo que sí es un consejo de presupuesto es decidir tu cifra en enero, en frío y con tu propio presupuesto delante, y no la semana anterior con la invitación en la mano. Pon un total para toda la temporada y un tope por invitación, guárdalo en el sobre de gastos previstos y respétalo. La cantidad que puedas dar sin desordenar tu mes es siempre la cantidad adecuada, y decidirla con meses de antelación es lo que hace posible sostenerla.
¿Y si ya estamos en marzo y no he ahorrado nada?
Entonces el trabajo es al revés: parte de lo que puedes aportar en los meses que quedan y ajusta el presupuesto a esa cantidad, en lugar de fijar el presupuesto y buscar cómo pagarlo. Las palancas rápidas son el número de invitados, el formato de la celebración y la ropa. Y cuando pase, abre el sobre para la siguiente el mes siguiente, aunque falte más de un año: es exactamente la misma cantidad repartida en el triple de meses, que es la diferencia entre un gasto planificado y una deuda.
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